Experiencias a vuelta de rueda y a pie sobre tierra

Autor: Diego Cano Guzmán 1er semestre

Fue un largo viaje. Recorrimos los casi 300 kilómetros hasta la Ciudad de México en aproximadamente cinco horas, aunque, nunca faltaron las risas ni los atrevidos retos en el camión (como es costumbre).

La primera parada tomó lugar a unos metros del hostal. En lo personal, me sentía muy agotado, pero al menos la había estado pasando muy bien en el transcurso del viaje. Al descender del camión tuvimos que tomar nuestras pertenencias y comenzar a caminar. Iba en grupo escuchando las anécdotas y compartiendo de más experiencias con mis compañeros. Llegué a la conclusión de que pueden quedar todo tipo de recuerdos en un corto, pero “largo” viaje de autobús. Caminaba y presenciaba una ciudad que podría estar a la altura de cualquier otra. Sus plazas y sus amplias banquetas formaban parte de mi recorrido hasta llegar al centro, en donde pude deleitar la impresionante infraestructura española.

Por fin, llegamos al hostal en el que únicamente pudimos dejar nuestro equipaje para tomar rumbo al museo de Palacio Nacional, el cual me parece (un gran museo, por cierto) bastante completo y repleto de una que otra maravilla tecnológica.

Dentro del mismo Palacio nos llevaron al museo en homenaje a Benito Juárez. Una cosa espectacular. Reforcé y enriquecí mis conocimientos del expresidente difunto, Juárez.

Esa misma tarde, al terminar nuestros alimentos, fuimos a un museo que marcó una gran parte de mi pensamiento y mi vida en general; me dio cimientos a lo que sería el sentimiento de empatía más grande de mi vida. Un museo que hizo que conociera las crueles capacidades del ser humano (las nazis en específico).

Se llama Museo de Memoria y Tolerancia, un lugar que sin pensarlo dos veces volvería a visitar. No sales del museo con la misma autoestima con la que entras. Un museo que te fomenta las ganas de sentarte y reflexionar, cosa que yo deseaba con tantas ganas que, cuando voy descendiendo del edificio, observo un cártel al cual mis piernas siguieron su señal sin duda alguna, “zona de reflexión”.

Salí del museo con esta reflexión en mente: “No eres feliz hasta que te das cuenta de lo feliz que eres”. Para tranquilizar las aguas fuimos al Barrio chino, o al menos, un barrio con temática china, ya que chinos al menos no había. Para pasar la noche fui de vuelta al hostal en el que compartí cuarto con tres de mis amigos. Sin duda aprendí cosas nuevas de ellos, especialmente al dormir.

Al amanecer el segundo día, fuimos al maravilloso Palacio de Bellas Artes donde el arte ejercido de los muralistas era bellísimo. Tantos significantes en cada pintura era más que impresionante. Después asistimos al increíble Museo Nacional de Antropología. Un museo más que genial. Una perspectiva del asombroso México antiguo.

Por la tarde comimos en un restaurant buffet en una de las plazas comerciales cerca del hostal, y al terminar visitamos el Museo del Estanquillo a metros de nuestro hostal. Regresé al hostal para convivir con aquellos de mis compañeros que se quedaron en el hostal exhaustos de la caminata y me fui a la cama. El último día. Lo esperaba con ansias, no había visitado la ciudad de Teotihuacán en más de siete años. Fue una hora y media de viaje en autobús donde nuevamente se dieron las risas y los mejores recuerdos tanto paro unos, como para otros.

Al llegar ingresamos al museo de Teotihuacán donde entré en contexto a la comprensión para después observar las gigantescas pirámides. Sin duda, una de las mejores experiencias después de “escalar” hasta la punta. Para terminar mi viaje, comimos en una cocina cercana a la ciudad. Y las mejores charlas las tuve durante la comida. El tiempo iba lento, y las sonrisas de todos los que rodeaban la estrecha y larga mesa al contar recientes recuerdos lo hicieron inolvidable. Terminando, subimos al autobús y emprendimos camino a casa (Morelia).

La importancia de que se realicen estos viajes abarca varios aspectos: refuerza la convivencia de los alumnos al estar tanto tiempo juntos, y por ende, fortalece las amistades y nos hace hacer uso de varios valores como el respeto, la honestidad y sobre todo ¡la tolerancia! Lo más importante es la libertad que se le da al alumno para experimentar, caminar, observar y enriquecer el aprendizaje obtenido. Pero de una manera más dinámica y didáctica que siete horas al día de clases. Estos viajes son experiencias a vuelta de rueda y a pie sobre tierra.

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