Experiencia en proyectos de escuela y comunidad: Torrecilla y MESE

Autor: Clara Escamilla Maisner – 5to semestre.

 Hace casi dos años comenzamos a ir a la comunidad de la Torrecilla, cerca de San Miguel del Monte. La Torrecilla es una comunidad muy pequeña, de 100 a 200 habitantes aproximadamente, que se encuentra en una zona rural. Allí existe acceso a la educación únicamente hasta nivel primaria, y aunque hay una secundaria en San Miguel del Monte, una comunidad cercana, la deserción escolar es bastante frecuente. Por lo mismo, hay un alto grado de analfabetismo concentrado principalmente en los adultos, y  en general, un fuerte rezago educativo.

El proyecto se dividió en dos partes: la primera inscrita por parte del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) que se centró en enseñar a leer y a escribir a los adultos, con la intención de que terminaran sus estudios; y la segunda por parte de Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) con un programa para reforzar la lectura y escritura de los y las niñas de nivel primaria.

Ir a la comunidad Torrecilla cada miércoles era toda una aventura. Siempre salíamos de la plaza Héroes del 47 –mejor conocida entre los y las liceístas como “Plaza de la Pulke”- a las tres de la tarde. Como se volvió un grupo bastante grande, de entre 11 y 12 personas, casi siempre había que apretujarse un poco en los carros para llegar.

Mirar, oler y escuchar a Torrecillas, después de una subida muy empinada que a veces el coche no aguanta, genera un contraste muy fuerte con lo que se vive en la ciudad. No sólo se trata de una zona rural en el sentido material, sino que la dinámica social es completamente diferente, y al principio un poco difícil de entender. 

De mi experiencia en Torrecillas, y en general de los proyectos de escuela y comunidad, pienso que este choque entre la experiencia cotidiana y lo que muchas veces nos es completamente ajeno, es una de las cosas más importantes que se viven, y nos permiten salir de nuestra realidad para entender que no es la única que existe, que hay otros valores, formas de ver, sentir, pensar y de existir en el mundo, que son muy diferentes a las nuestras. Nos hace darnos cuenta de que los problemas sociales a los que nos enfrentamos tampoco son los únicos, y entender esto desde dentro, desde la educación, implica des-individualizarnos un poco y empatizar con otras personas y con sus luchas (que a veces no se distancian tanto de las propias).

Al inicio de este semestre se planteó un nuevo proyecto de escuela y comunidad en una institución llamada MESE (Menores En Situación Extraordinaria), que tiene el objetivo de dar apoyo psicológico, económico y académico a menores de edad para que éstos no dejen la escuela para trabajar en la calle. Los y las liceístas estamos trabajando con dos grupos de niños de primero a sexto de primaria que tienen algún tipo de rezago educativo, reforzando, con un programa similar al que se empleó en Torrecillas: la lectoescritura. 

Habiendo trabajando en ambos lugares, he notado que existen diferencias muy marcadas entre MESE y Torrecillas en muchos sentidos. En primer lugar, es muy claro que el grupo de MESE, que está compuesto por niños y niñas que viven en la urbe, tienen mucho más acceso a la educación que las personas de Torrecillas, de modo que trabajar con los primeros resulta más fácil, pues se trata sólo de un repaso, mientras que en la segunda comunidad es un poco más complicado, ya que hay conocimientos que no han adquirido todavía.

Por otro lado, la manera en la que se da la interacción con las personas es diferente, pues se trata de dos espacios diferentes, y por lo mismo, las dinámicas de clase se dan en sentidos muy distintos. 

Aunque ambos proyectos persiguen un objetivo en común, la educación, es claro que deben tener una planeación pedagógica trazada acorde a las condiciones de cada lugar, lo que nos permitió pensar en las fallas de la planeación educativa en un panorama más grande como México, pues las necesidades de las comunidades no son las mismas, y por su diversidad, es importante que la agenda educativa esté dispuesta a adaptaciones gestionadas por y para la gente en su entorno específico, y mientras no sea así, todos y todas debemos de realizar acciones por el derecho al acceso a la educación.

Necesitas ayuda? Chatea con nosotros