Liceo Michoacano

Blog Liceo Michoacano

Qué son las figuras literarias y por qué los poetas hablan tan raro

Carátula

Imagina que estás en una reunión con tus amigos y uno de ellos empieza a hablar extraño. En esta circunstancia es muy probable que pienses una de tres cosas: anda de filósofo, está borracho o se las quiere dar de poeta.

     En la historia encontramos combinaciones extrañas de poetas que fueron filósofos, poetas borrachos y filósofos borrachos. Quizás sea un buen tema para después. Por ahora los dejaremos de lado y nos concentraremos en la extraña manera de hablar de sólo uno de ellos: el poeta.

Charles Bukowski (1920-1994), escritor alemán que sufrió de alcoholismo, es quizás uno de los casos más sonados. Este padecimiento marcó tanto su vida que algunos de sus críticos fueron duros con él, pues pensaban que hacía gala de su excentricidad y sus excesos sólo para ganar más lectores.

Charles Bukowski (1920-1994), escritor alemán que sufrió de alcoholismo, es quizás uno de los casos más sonados. Este padecimiento marcó tanto su vida que algunos de sus críticos fueron duros con él, pues pensaban que hacía gala de su excentricidad y sus excesos sólo para ganar más lectores.

     Regresemos a la reunión en la que viste que un amigo comenzó a hablar extraño. Cuando lo escuchaste, probablemente concluiste que la estaba haciendo de poeta, quizás para verse muy profundo, quizás para impresionar a alguien que le gusta. Si pensaste esto, hay buenas noticias: no careces totalmente de razón.

     Hay figuras literarias que suelen utilizar los poetas, novelistas, escritores en general, oradores, etcétera, para hacer que lo que dicen no sólo diga lo que dice. ¡Vaya trabalenguas! Ahí va de nuevo: quienes trabajan con el lenguaje, a veces quieren decir cosas que no se pueden decir fácilmente y se ven obligados a inventar maneras de decirlo. Es esto lo que hace que parezca que hablan raro.

     Por ejemplo, tenemos el poema de Lope de Vega (1562 – 1635), donde utiliza reiteradamente la figura literaria llamada asíndeton para caracterizar aquello que todo ser humano ha sentido pero que tan difícil es decir cómo se siente. ¿Qué es amar? ¿Cómo se vive el amor? ¿Cómo transmitir la manera en que vivimos el amor?

Desmayarse, atreverse, estar furioso...

     Vamos a hacer una analogía. Filippo Brunelleschi fue el arquitecto a quien se le puso el desafío de terminar de construir la cúpula de la catedral de Florencia, aquella que sería la más hermosa de toda Europa. Arnolfo di Cambio había diseñado la catedral pero concluirla no era un reto sencillo. Debido a las dimensiones de la iglesia, construir la cúpula requería conocimientos arquitectónicos y recursos tecnológicos ¡que aún no se tenían! Se tenían que inventar nuevas maneras de construir que, por muy raras que se vieran en inicio, con el tiempo uno entendería su razón de ser. En cambio, si hubiera intentado levantarla con las herramientas que tenía a la mano, habría sucedido una tragedia terrible…

La cúpula de Brunelleschi con la que se concluye la iglesia de Santa María de la Flor, Florencia.

La cúpula de Brunelleschi con la que se concluye la iglesia de Santa María de la Flor, Florencia.

     ¿Qué tiene esto que ver con las figuras literarias? Si las palabras fueran herramientas y los mensajes fueran cúpulas, diríamos que los literatos se enfrentan siempre al problema de Brunelleschi: por el tipo de cosas que quieren transmitir a quienes los leemos, tienen que inventar recursos que no existen aún para poder expresar lo que desean. Para hacerlo, muchas veces hacen uso de las figuras literarias: técnicas lingüísticas que sirven para poder enviar su mensaje de la manera más adecuada posible, más bella, más expresiva. Así, por más que te dé la sensación de que los escritores hablan raro, debes tener siempre en cuenta que lo hacen por muy buenas razones.

Fuentes de apoyo: Valdés Becerril, F., Herrera Cerecer, L. y Estrella Gutiérrez, F. (1981). “Figuras literarias”. Lengua y literatura españolas
     (107-113). México, D.F.: Editorial Kapelusz Mexicana.

BLOG