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Crónica de un viaje inolvidable por Uri Dueñas y Natalia Pérez

Reseña del viaje de integración CDMX-2016 a dos manos: Uri Dueñas y Natalia Pérez

Crónica de un viaje inolvidable

Nuestro viaje comenzó un 6 de octubre del año 2016. Claro, planeábamos salir temprano pero, como en todos los viajes, alguien debía llegar tarde. Algunos viendo película, otros sumergidos en su música, algunos más dormidos y otros no dejándolos dormir con nuestras pláticas, tuvimos todos un viaje llevadero y que finalizó con nuestra llegada a la capital del país –incluidas en nuestro trayecto las debidas paradas para ir al baño y comprar chucherías en el Oxxo.

downtown

Ya en la CDMX, llegamos al hostal en el que estábamos destinados a pasar los próximos tres días, el Downtown México. Sin duda nos sorprendió este hospitalario lugar que, pese al diseño moderno de las habitaciones, albergaba también entre sus paredes cultura e historia mexicana.

Cuartos asignados y todos listos para comenzar nuestra aventura, nos trasladamos a pie hasta la Catedral Metropolitana, que no dudó en asombrarnos con su imponente majestuosidad. De ahí nos dirigimos al Palacio Nacional.  En visita guiada nos hablaron de su historia y función, así como de la vida de Benito Juárez –hay un recinto dedicado a él. Apreciamos también los murales de Diego Rivera y pudimos visitar el antiguo Recinto Parlamentario. Nos movimos después –siempre a pie- al Antiguo Colegio de San Idelfonso, en el cual conocimos su pasado como escuela preparatoria y observamos los murales de José Clemente Orozco. De este último, pudimos admirar diversas y muy críticas obras como El banquete de los ricos, La Ley y la Justicia o Basura Social, que tras una amplia explicación nos dejaron mucho que reflexionar.

palacio-de-justicia

Después de todo esto, el hambre ya nos estaba ganando, así que nos lanzamos hasta el Café Tacuba, donde acompañamos nuestra comida con una rica charla. Estas caminatas por la Ciudad de México fueron el pretexto perfecto para la plática y la diversión, no solamente entre alumnos, sino también con nuestros acompañantes profesores Cuauhtémoc y Omar. Por otra parte, es curioso ver en el acercamiento a la capital quiénes la ven como algo cotidiano, y quiénes, con mirada insólita, la visitaban y se asombraban con ella por primera vez.

Una vez echado el taco fuimos al Palacio de Bellas Artes, pero ya ahí nos dimos cuenta de que quizás nos habíamos tomado demasiado tiempo comiendo y riendo. Por esa razón decidimos regresar al hotel para descansar un poco y poder volver a Bellas Artes más tarde, cuando se llevaría a cabo un concierto de música clásica con lectura de poesía para acompañar el bello sonido instrumental. Eso hicimos y, ya deleitado nuestro oído, regresamos al Downtown para descansar, cenamos, algunos jugaron futbolito y luego se reunió la mayoría del grupo en un cuarto para pasar un rato ameno jugando y platicando. Nos llegó la hora de ir a dormir y todos a sus cuartos, pues nos esperaba un sábado exquisito.

antropologia

Despertamos a la mitad de nuestro viaje (segundo día), algunos se bañaron, otros no. Desayunamos y partimos hacia el Museo Nacional de Antropología e Historia. En este lugar pudimos conocer valiosas piezas arqueológicas, así como conocer más acerca de Mesoamérica, aunque el guía (un poco malhumorado) haya pensado que no. Al salir de las salas visitadas, nos tomamos una de las imprescindibles fotos grupales, que al verlas ahora que hemos retornado, nos evocan risas y buenos recuerdos. Fuimos a continuación al museo Soumaya (“Algo tenía que devolvernos Slim”) de arte universal que, pese a ser maravilloso al exterior, guarda lo verdaderamente bello dentro de él. Desgraciadamente tuvimos que separarnos en dos grupos para abarcar los intereses de todos, sin embargo, disfrutamos al máximo esta visita. Por ejemplo, a unos nos hablaron acerca de Auguste Rodin, y pudimos apreciar de cerca algunas de sus obras, como Las Puertas del Infierno o El Pensador.

soumaya

Se acercaba la hora de la comida y fuimos al restaurante Azul y Oro a comer, dentro de un lugar que DEBÍAMOS conocer, el hogar de la máxima casa de estudios en México, Ciudad Universitaria. Ya con la panza llena y un tiempo libre, nos dirigimos al Teatro Santa Catarina, donde presenciaríamos Pequeños Zorros (Luis de Tavira), que nos dejó boquiabiertos a la mayoría y para otros fue también su primera experiencia en un foro de teatro.

Llegamos al hotel, ya tarde, cenamos unos ricos sopes de chorizo, jugamos futbolito un buen rato, algunos jugaron mejor que otros, pero sin duda, la diversión fue compartida. En los tiempos libres y  comidas en el hotel, veíamos películas y platicábamos, convivíamos, conociendo a quienes nunca antes nos habíamos acercado y, sin duda, existía un gran ambiente entre nosotros. Nuevamente nos dio la hora de ir a dormir y nos preparamos para el último día de esta gran experiencia.

Era sábado, día de conocer la ciudad de los dioses, felices por eso pero tristes porque nuestra travesía estaba a punto de llegar a su fin. Nos encaminamos hacia Teotihuacán previa parada por agua, dulces y sombreros de cincuenta pesos. Nuestro excelente guía nos condujo por toda la zona protegida, con explicaciones interesantes y carisma. Después de subir la Pirámide de la Luna para obtener un primer panorama general, conocimos cómo se organizaban los teotihuacanos, así como lo relevante a sus templos y hogares. Después, tras recorrer la calzada de los muertos, se nos presentó el gran reto de subir los 64 metros de altura de la Pirámide del Sol –no todos subimos desgraciadamente. Al llegar arriba, además de tomar fotos y disfrutar de la increíble vista, si te acercabas a una esquina, el viento soplaba tan fuerte al punto de que se complicaba respirar, ¡era fabuloso! Pero no fue la única sorpresa que vivimos allá arriba, pues cayó a nuestros brazos (literalmente) una mujer estadounidense genial y con gran carisma, Portland, que nos contagió con su energía positiva e inspiración y sin duda marcó nuestro viaje. ¿Qué mejor lugar para hacer amistades que en lo más alto de la pirámide del Sol?

teotihuacan

Salimos de Teotihuacán y pasamos a comer al restaurante Catrina, donde cada quien, por su cuenta, se dio un festín. Ahí concluimos nuestra estancia en el centro de México, en esa mesa, conscientes de que regresábamos más que con nuestros compañeros, con nuestra otra familia, echando siempre de menos a los que no pudieron acompañarnos –¡no se pueden perder el próximo viaje! Y llegó el momento que nadie anhelaba, el momento de subir al camión que nos regresaría a Morelia.

Fue un viaje que nos permeó de cultura, y que nos permitió conocer el corazón de nuestro país, pero que además nos unió y nos hizo conocer a nuestro grupo. Entre pláticas, juegos y música, regresamos a casa. Además, tuvimos la fortuna de contar con grandes choferes que nos hicieron el viaje sumamente agradable: ¡cómo no recordar las ocurrencias de Don Gerardo!

Disfrutamos por el ambiente que creamos, los museos y sitios que visitamos, la convivencia, el itinerario pesado pero también permisivo, el caminar por la ciudad de México y sobre todo por nuestros acompañantes, Omar y Cuauhtémoc, que estuvieron al pendiente de nosotros. Fueron divertidos, amables e incluyentes, y con los que estamos infinitamente agradecidos por acompañarnos en esta aventura, que es la primera de las que pasaremos como grupo. Sin lugar a dudas, fue un viaje lleno de aprendizajes, pero sobre todo de experiencias. A nuestro regreso, trajimos con nosotros a Morelia no solo conocimiento, sino también recuerdos y –cosa necesaria en todo viaje- valiosas amistades.

portland